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No hace falta ser meteorólogo para darse cuenta de que los veranos cada vez son más largos y calurosos y los inviernos, más cortos y menos fríos. El cambio climático es un desastre para la humanidad, pero los cultivadores podemos aprovecharlo para sembrar unas semillitas en febrero y cosechar un buen ramo de flores cannábicas en mayo. Si el mundo se va a pique, al menos que este verano no nos pille con la despensa vacía.
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