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Una etnografía realizada durante once meses entre personas que consumen basuco y viven en la calle en el centro de Bogotá propone ampliar el alcance de la reducción de daños. El estudio sostiene que una respuesta integral no puede limitarse a los efectos sanitarios del consumo y debe enfrentar la violencia, el estigma, la exclusión y la falta de espacios seguros.
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