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La hipótesis “del mono drogado” asociada a Terence McKenna volvió a circular con fuerza esta semana a partir de un artículo en DoubleBlind que recupera el argumento de lo que en los 90 sonaba a mito y hoy se discute, al menos como posibilidad, a la luz de avances en neuroplasticidad, epigenética y genómica de hongos. Pero ¿estamos ante una historia sugestiva que plantea preguntas científicas o ante un atajo explicativo sin evidencia directa?
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