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Berta Vías Mahou acaba de traducir por primera vez al castellano los Pensamientos salvajes de Augusta Amiel (1858-1944) y enumera los precursores (Thoreau, Victor Hugo, Lévi-Strauss) en el uso de esa expresión que juega con el doble sentido de la palabra “pensamiento”: frase breve de carácter moral y planta de flores tricolores. Fechados entre 1913 y 1935, la propia autora define estos aforismos aterciopelados, que parecen discurrir de puntillas, como “ramillete de flores silvestres”. Persuadida de que “la actividad que agita el mundo se alimenta de necesidades ficticias”, Amiel persigue “esa sencillez que lo ilumina todo”.
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