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Las plantas de cannabis pegan un gran estirón en las dos o tres primeras semanas de floración y pueden llegar a aumentar su altura entre un cincuenta y un doscientos por ciento. Este crecimiento es natural e inevitable, pero se puede limitar si se toman ciertas precauciones, como reducir la densidad de plantación y controlar las temperaturas. Mantener las plantas compactas y reducir el estiramiento es recomendable para obtener una abundante cosecha de cogollos densos y resinosos.
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