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Desde la antigüedad, al cannabis se le han atribuido propiedades sedantes e hipnóticas. En la actualidad, esta percepción está muy extendida socialmente, hasta el punto de que la planta o sus cannabinoides derivados se consumen habitualmente para mejorar la calidad del sueño. Pero ¿está esta condición lo suficientemente avalada por la evidencia científica?
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