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En Reino Unido, el cannabis medicinal sigue ocupando una zona incierta en oncología. Desde la reforma legal de 2018, pacientes y clínicas privadas reportan alivio en síntomas como dolor, náuseas, ansiedad o insomnio, mientras el sistema sanitario mantiene un acceso muy restringido y exige pruebas más sólidas para ampliar indicaciones.
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